14 abril, 2014

Un móvil en mi escalera

Un LG similar a éste pero con algún resto de pintura.
Un lunes como hoy, y por primera vez ha sido hoy mismo, os cuento lo que me ha ocurrido esta misma mañana.

Lo que iba a ser

    El caso es que, como cada lunes desde hace un par de meses, me estaba preparando para escribir una nueva entrada en el blog. Me he despertado, he desayunado y me he puesto a pensar en tres posibles temas para hoy. Barajaba tres opciones: la creación de la Unión Ciclista Internacional (un 14 de abril de 1900), el primer trayecto de la línea comercial de AVE entre Madrid y Sevilla (14 de abril de 1992) y, por último, el mapa del genoma humano (completado un 14 de abril de 2003).

Lo que cambia las cosas

    Y justo cuando estaba apunto de decidirme, seguramente por la línea de AVE, pues mi madre toca el timbre. Acababa de salir y se había dado la vuelta porque acababa de encontrarse un móvil de gama media (un LG L7) por las escaleras del edificio. —¿Qué hacemos?—me dice. Y yo cojo el móvil y reviso la agenda de llamadas. No conocemos a nadie. Digo bueno, pues esperaremos a ver si llaman.

La dicotomía

    En estas situaciones siempre se pregunta uno si no es tonto por no quedarse con lo que se encuentra. Si la mayoría de la gente no lo haría. —El dueño seguro que es un impresentable que seguro que no se merece que se lo devuelvan—. He pensado rápidamente eso.

    Por otro lado el móvil lleno de pintura y los contactos. Eran albañiles, electricistas, fontaneros, etc, gente de la construcción en resumidas cuentas. Esto me ha llevado a ponerme en su piel, en los malos tiempos que corren, en lo mucho que echará de menos su teléfono, en la mala suerte que tenemos siempre los currantes, etc.

    Una balanza de sensaciones rápidas. Dos posturas del ser humano que se repiten a diario en todo tipo de situaciones. La disyuntiva entre lo que en teoría está bien y lo que te beneficia personalmente (o materialmente).

    Cojo y marco el número de su hijo Alfonso. Pero tiene el móvil apagado o fuera de cobertura. Bueno, pues voy a esperar —me digo.

El desenlace

    En mi cabeza empezaba a tener dudas sobre qué hacer. Sabía que se lo devolvería pero también me acordaba de aquellas ocasiones en las que yo mismo había perdido el teléfono y no lo había vuelto a ver. En ese momento empieza a sonar.

—¿Sí?—contesto.
—Ha contestado alguien...— se escucha al otro lado murmurando.

   En estos casos cuando uno llama no sabe a quién lo hace. Llamas creyendo que hablas con un ladrón, con alguien que se ha apoderado de algo que es tuyo. Pero vamos, en este caso le expliqué rápido lo que había pasado y dónde estaba para que viniera a recogerlo.

    Se trataba de un pintor como me suponía. Lleno de pintura hasta los ojos. Me agradeció que lo hubiera llamado y con alegría se llevó algo que le pertenecía. Yo me sentí reconfortado. Mi pregunta es, ¿qué hubiera pasado si hubiera sido un impecable iphone o similar? Bueno, creo que de momento me quedaré con la duda. Pero si me sucede volveré a decidir si quiero ser bueno o tonto. Y seguramente volveré a hacer lo mismo. 

¿Qué hubiérais hecho vosotros?


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